Eres tú quien recuerda el aniversario, quien suaviza el silencio incómodo en la cena, y quien nota que tu pareja está estresada antes de que diga una palabra. En el trabajo, eres tú quien se mantiene con calma cuando un cliente grita, quien suaviza las malas noticias para que caigan con delicadeza, quien lee el ambiente y se adapta. Esto es trabajo emocional: la labor en gran parte invisible de gestionar sentimientos, los tuyos y los de todos los demás, para que las relaciones y las interacciones funcionen sin problemas. Rara vez aparece en una lista de tareas, pero cargar con la mayor parte, sola, durante años, puede desgastar silenciosamente a una persona.
Cómo se manifiesta el trabajo emocional
La socióloga Arlie Hochschild acuñó el término en 1983 para describir a trabajadoras, como las azafatas de vuelo, que tenían que mostrar sentimientos, alegría, calma, calidez, que su trabajo exigía, sintieran eso o no en realidad. Desde entonces, el concepto se ha ampliado para describir un patrón similar en el hogar. En las relaciones, el trabajo emocional se manifiesta al ser quien siempre pregunta cuando algo se siente “raro”, quien recuerda las obligaciones familiares y los planes sociales, quien anticipa las necesidades de su pareja antes de que las exprese, quien gestiona los conflictos eligiendo el momento y las palabras adecuadas, y quien realiza el silencioso trabajo de “reparación” después de una discusión. Es el esfuerzo mental de mantener en funcionamiento una relación, o una interacción laboral, aunque nadie lo haya pedido.
Por qué recae más en algunas personas que en otras
- Condicionamiento social. A muchas personas, a menudo mujeres, se les enseña desde temprano a notar las emociones, gestionar la armonía y responsabilizarse de cómo se sienten los demás.
- Profesiones de cuidado. Es más probable que se exija a enfermeras, docentes y trabajadores de servicio realizar trabajo emocional como parte no remunerada del empleo.
- Identidades marginadas. Las investigaciones sugieren que las comunidades marginadas y las personas de color suelen estar sometidas a más trabajo emocional, tanto en el trabajo como en las interacciones cotidianas.
- Roles desiguales en la relación. En algunas parejas, una persona se vuelve “emocionalmente activa” mientras la otra se vuelve pasiva, y el desequilibrio se normaliza con el tiempo.
- Actuación superficial frente a actuación profunda. Algunas personas ocultan sus verdaderos sentimientos solo en la superficie (actuación superficial), mientras que otras intentan cambiar realmente cómo se sienten por dentro (actuación profunda); ambas cobran un precio psicológico, aunque de maneras distintas.
El costo que conlleva
Debido a que el trabajo emocional se normaliza, se invisibiliza y no se remunera con tanta frecuencia, la persona que lo carga puede no reconocer de inmediato el costo. Con el tiempo, quienes cargan con la mayor parte suelen reportar agotamiento crónico, sentirse invisibles o no valoradas, un resentimiento que crece en silencio, ansiedad por “mantener todo bien”, y una creciente sensación de ser más una gerente o cuidadora que una pareja igualitaria o una colega valorada. En el trabajo, los efectos acumulados de ocultar regularmente los verdaderos sentimientos incluyen agotamiento (burnout), estrés, insatisfacción laboral y mayor rotación. En las relaciones, puede erosionar la autoestima, la cercanía e incluso el deseo, dejando a una de las partes sintiéndose profundamente sola dentro de la propia relación.
El trabajo emocional no es lo mismo que la carga mental
Ayuda separar los distintos tipos de “trabajo invisible” que carga la gente. Las tareas físicas son lo que haces con las manos, doblar la ropa, lavar los platos. La carga cognitiva o mental es el trabajo de pensar detrás de escena, anticipar lo que se necesita, investigar, planificar, recordar. El trabajo emocional es el trabajo de sentir: gestionar tu propia expresión emocional, y a menudo también gestionar el estado emocional de todos los demás. Un hogar o un lugar de trabajo puede dividir las tareas físicas de forma equitativa y aun así estar tremendamente desequilibrado en cuanto a carga mental y trabajo emocional, porque esas formas de trabajo son más difíciles de ver, contar o dividir con solo acordar “repartir las tareas”.
Qué puede ayudar
- Nota las distintas formas de trabajo emocional que estás haciendo. Haz una lista mental o escrita de cómo estás gestionando una relación o un rol. Nota cuándo estás sosteniendo las cosas sin un esfuerzo equivalente de los demás, y cómo te hace sentir eso.
- Nómbralo en voz alta. El trabajo emocional a menudo pasa desapercibido porque nunca se ha nombrado. Describirlo con claridad, “He sido yo quien ha gestionado nuestro horario y el estado de ánimo de todos”, puede ser el primer paso hacia el cambio.
- Da un paso atrás, de forma deliberada. Retirarse del exceso de funcionamiento puede resultar incómodo si estás acostumbrada a hacer el trabajo, pero crea espacio para que otros intervengan.
- En el trabajo, busca después una salida saludable. Escribir un diario, hablar con una amiga de confianza, o simplemente nombrar tus verdaderos sentimientos una vez terminada la jornada, puede compensar el costo de ocultarlos todo el día.
- Busca apoyo de un profesional de salud mental con licencia. Un terapeuta puede ayudarte a aprender nuevas formas de manejar el desequilibrio, y explorar qué podría hacerte especialmente propensa a cargar con él, como patrones de apego o un historial de cuidado hacia otros.
Dónde encontrar más información
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