El perdón es una decisión consciente y deliberada de liberar sentimientos de resentimiento o venganza hacia alguien que nos ha hecho daño, sin importar si esa persona reconoce alguna vez el daño causado. Rara vez ocurre de golpe. Con más frecuencia es un proceso gradual, que se desarrolla a su propio ritmo mientras atravesamos el duelo, la ira y, finalmente, una especie de aceptación. Entender lo que realmente implica el perdón, y lo que no, puede facilitar ese proceso.
Qué es el perdón (y qué no es)
El perdón trata, ante todo, de la persona que perdona, no de la persona perdonada: significa liberar sentimientos negativos y limitantes para que el resentimiento deje de tenernos prisioneros, y no requiere que la otra persona se disculpe, se arrepienta o siquiera se sienta mal por lo que hizo. Igual de importante es lo que el perdón no es. No es lo mismo que olvidar lo ocurrido o fingir que fue aceptable, y no significa aprobar, excusar o permitir un mal comportamiento, ni renunciar a la justicia; se puede perdonar a alguien internamente y aun así apoyar que se le exijan responsabilidades. El perdón tampoco requiere reconciliación, ya que reconciliarse necesita de dos personas y depende de que la otra cambie, mientras que perdonar depende solo de uno mismo.
Por qué el perdón importa para el bienestar
- Menos estrés y mejor salud. Rumiar sobre los rencores mantiene elevados la presión arterial, el ritmo cardíaco y las hormonas del estrés; soltar ese resentimiento permite que el cuerpo se calme.
- Mayor paz mental. Aferrarse a la ira y al deseo de venganza es agotador. Soltar esos sentimientos suele traer una calma duradera que supera cualquier satisfacción pasajera que ofrezca el rencor.
- Más felicidad. Las personas más felices tienden a perdonar con más facilidad, y también ocurre lo contrario: el acto de perdonar tiende a aumentar la felicidad de quien perdona.
- Conexión más fuerte con los demás. El perdón tiende a hacer que las personas sean más altruistas y estén más dispuestas a ayudar, no solo a quien las hirió, sino también a otras personas.
- Un camino a través del dolor, no alrededor de él. El perdón ofrece una manera concreta de reconocer que se sufrió daño y luego superarlo, en lugar de quedarse atrapado en él indefinidamente.
Ideas erróneas comunes
Uno de los errores más comunes es convertir el perdón en una obligación. En el momento en que te dices que deberías perdonar a alguien, has abandonado el terreno del sentimiento genuino y entrado en el terreno de la presión, y el perdón forzado rara vez se siente real. Otro error frecuente es confundir el perdón con volver con esa persona o con sentir lástima por quien te lastimó. Ninguna de las dos cosas es perdón; ambas pueden ser fácilmente manipulación, culpa o lástima disfrazadas de perdón. El perdón genuino es un proceso interno, más parecido al duelo que a una negociación, y no se puede inducir con palabras.
Perdonarse a uno mismo
El autoperdón suele ser más difícil que perdonar a otros, y es fácil equivocarse en cualquiera de las dos direcciones. Algunas personas se disculpan a sí mismas demasiado rápido, minimizando lo ocurrido o desviando la culpa, lo cual impide un crecimiento real. El autoperdón genuino funciona de otra manera: comienza reconociendo con honestidad lo que sucedió y el papel que uno tuvo en ello, continúa reparando el daño lo mejor posible, incluyendo replantear los relatos autoinculpatorios que castigan más de lo que reflejan la realidad, y termina con un compromiso real de tratarse mejor en adelante. Así entendido, el autoperdón restaura la sensación del propio valor moral y dignidad sin necesidad de fingir que el error nunca ocurrió.
Formas cotidianas de practicar el perdón
- Permítete primero el duelo. Sentir el dolor y darte tiempo para estar con esa pena antes de intentar resolverla forma parte del proceso, no un obstáculo para él.
- Suelta el 'debería'. Nota cuándo te estás presionando para perdonar dentro de un plazo; el perdón genuino sigue su propio ritmo, y forzarlo suele salir mal.
- Separa el perdón de la justicia. Se puede perdonar a alguien internamente y aun así exigirle responsabilidades, denunciar comportamientos dañinos o mantener límites firmes.
- Intenta comprender, sin justificar. Considerar qué pudo haber motivado las acciones de la otra persona puede generar empatía, pero comprender su perspectiva no es lo mismo que aprobar lo que hizo.
- Suelta la necesidad de una disculpa. Esperar a que alguien pida perdón deja tu paz mental en manos de otra persona. El perdón que depende solo de ti es un perdón que realmente puedes alcanzar.
Dónde encontrar más información
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